La inflación que estamos sufriendo en los últimos años está impactando negativamente en las empresas, reduciendo su poder adquisitivo y rentabilidad al encarecer costes de producción y reducir el poder de compra de los consumidores. Las empresas no tienen otra salida que revisar precios, optimizar costes, mejorar la eficiencia y diversificar ingresos, aunque enfrentan desafíos en sus ventas.
La inflación, a pesar de haberse moderado respecto a sus máximos de 2022, sigue siendo una preocupación constante que afecta el crecimiento y la viabilidad de muchos negocios.
La inflación ha superado todas las previsiones en España hasta situarse en el 10% anual en junio, su máximo desde septiembre de 1977, según acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadística (INE). La electricidad, Los carburantes y el gas, fueron los elementos que mayores incrementos de precios registraron.
Estos hechos están llevando la preocupación a empresarios y emprendedores, habida cuenta de que parece estar ganando opciones el temido escenario de una estanflación, es decir, vivir en paralelo en una economía, con un periodo de estancamiento y de crecimiento cero, junto con una elevada inflación.
El encarecimiento de las materias primas reduce los márgenes comerciales de la empresa, y al mismo tiempo peligra la propia recepción de mercancías para poder seguir produciendo y mantener abiertas las fábricas. Además, el alza en los precios puede traducirse en una demanda por parte de los trabajadores para ver incrementados sus salarios. Es un escenario muy perjudicial, en donde las empresas pueden ver comprometidas seriamente sus expectativas de beneficio
IMPACTO EN LAS EMPRESAS
Aumento de costes:
La inflación incrementa los costes de producción, materias primas y energía, lo que se traslada a los márgenes de rentabilidad de las empresas.
Debilidad de las ventas:
Con el paso del tiempo, la inflación termina afectando negativamente al consumo, ya que los compradores ven mermado su poder adquisitivo al encarecerse los precios. Al final, se produce un efecto psicológico por el que se privilegia la adquisición de bienes de primera necesidad, y se posponen otras decisiones de compra para más adelante
El encarecimiento de los precios disminuye el poder adquisitivo de los consumidores, quienes priorizan bienes de primera necesidad y posponen otras compras.
Presión salarial:
El aumento de los precios de la cesta de la compra genera demandas de aumento salarial por parte de los trabajadores, lo que incrementa los costes de personal para las pymes.
Deterioro de la rentabilidad:
La suma de mayores costes y menores ventas reduce los beneficios de las pymes, limitando su capacidad de inversión en desarrollo e innovación (I+D).
La cuenta de pérdidas y ganancias. Aunque se mantenga la facturación gracias al incremento de precios, en realidad, se están vendiendo menos unidades de producto, lo que significa un menor margen de rentabilidad. Al no cumplirse con los objetivos financieros previstos, se dificulta el poder realizar inversiones en I+D o en llevar a cabo acciones de remuneración y de estímulo sobre su Capital humano
La relación con los Proveedores. Un encarecimiento general de precios reduce los pedidos a los proveedores y estos, a su vez, ven resentidas sus cuentas, por lo que es probable que tengan que revisar su portfolio de precios al alza. En el caso más extremo, depender de un único proveedor puede afectar seriamente a la producción de una empresa, por lo que es recomendable contar siempre con un plan B, para evitar sorpresas desagradables a la hora de poder recibir materia prima de manera estable y a precios razonables.
Una mayor incertidumbre en la toma de decisiones por parte de la empresa. La inversión en nueva maquinaria, la reforma de las oficinas o la entrada en un nuevo mercado son susceptibles de posponerse si la coyuntura es menos proclive de lo habitual. No llevar a cabo este tipo de iniciativas condiciona sobremanera el rendimiento de una organización de cara al medio y al largo plazo.
Pero ¿Es posible para una empresa estar preparada?
Un panorama de inflación desbocada y de crecimientos más bajos de lo esperado afecta a todo el tejido empresarial. Sin embargo, sí que es posible trabajar con antelación en intentar minimizar los posibles efectos negativos de esta situación, a través de la elaboración de planes de emergencia en base a distintos supuestos.
En nuestra opinión, pueden existir distintas formas para afrontar la situación actual, pero una buena alternativa sería,
- diseñar contablemente una estructura de control de costes más efectiva, procurando que el coste real de la inflación se transmita lo menos posible al precio final de los bienes y de los servicios.
- Si esto se consigue se podría, por un lado, mantener la demanda y, por el otro, incluso ganar cuota de mercado, al conseguir afrontar con éxito una situación que está afectando a todos los competidores del mercado.
- Siempre es posible realizar una revisión pormenorizada de costes internos que, en momentos de crecimiento se descuidan más, pero que en una etapa como la actual, se hace necesario llevar a cabo una revisión en profundidad.
- Ajuste de precios: Las empresas deben analizar sus costes para determinar si es viable subir los precios sin ahuyentar a los clientes.
- Optimización de costes y operaciones: Simplificar procesos, recortar gastos innecesarios y negociar mejores condiciones con los proveedores ayuda a controlar los costos.
- Mejora de la productividad: Invertir en formación, tecnología y automatización puede aumentar la eficiencia y la productividad, contrarrestando la presión inflacionaria.
- Diversificación de ingresos: Explorar nuevos mercados, productos o nichos puede reducir la dependencia de una sola fuente de ingresos y mitigar el impacto de la inflación.
- Fortalecimiento de la relación con el cliente: Mejorar la fidelización y la experiencia del cliente puede ayudar a mantener la demanda y el valor de los productos o servicios. La combinación de costes elevados y un crecimiento de las ventas real (sin tener en cuenta la inflación) exiguo, marca una tendencia preocupante para muchas pequeñas empresas.